Las nuevas modernidades siguen llegando a mi vida, y ahora me tiro todo el santo día apotronado en el Twitter. Pensé que nunca me uniría a una red social, pero acabé sucumbiendo a una de las redes sociales más sencillas de todas. 140 caracteres, un poco de imaginación, unos cuantos seguidores, unas pocas listas y unos pocos retuits y... ¡LISTO! Os dejo mi Twitter, porque ese sí que no cogerá polvo. No como este blog, pobre, que le tengo que hacer más caso, que parece mi hijo bastardo del que nadie quiere saber nada.
