# Eeeel caamiiiinooo que llevaaa a Beléeeen... #
# Leee traeeen regaaalos... ha nacidoooo en eeel portaal viejo... zurrón... #
#Ropopom, Ropopom... #
Oh, ¡Joder! ¡Cabrones! ¡Gilipollas! ¡Capullos! Lo siento, es que... he contratado a un coro de niños de 5 años para que nos amenicen el blog con música celestial cada vez que entres aquí, pero es que nos han salido ranas, porque no atinan a decir un verso bien a la primera. Joder, que es Raphael, ¿no les motiva ni un poquito esas arruguillas que le cuelgan ya y que ni el botox puede evitar?
Hala niños, iros un rato a jugar fuera, a ver si os morís de frío y me dan una indemnización o algo con lo que cubrir gastos. Bueno, señoras y señores, estamos aquí reunidos al lado de la estufa porque quiero hablaros de lo que significa la navidad para los niños. Ese momento mágico del año, más guay que las propias vacaciones de verano. Haced un remember en vuestra cabeza, porque todos nos hemos sentido así cuando éramos críos. Todo comienza en el colegio, una semana antes de que nos den las vacaciones. Si ya de por sí no hacías ni el pedo, esa semana haces mucho menos y te lo pasas bomba. Te ponen folios con un Papa Noel cutre para pintarle de los colores que quieras, te hacen recortar renos, árboles de navidad que tienes que decorar a tu gusto, te obligan a hacer algún christmas cutre (hablo por mí que nunca he sabido dibujar) para dárselo a tus papis cuando llegue Navidad... Y lo mejor es cuando te pasas todos los recreos en clase porque fuera hace mucho frío y te entretienes decorando la clase lo más colorida posible, con espumillones horrorosos que regalan las madres de los niños, mientras cantas a grito pelaó villancicos con el/la profesor/a.
Cebollino Baby: puez ezo lo hariaz tú, porque yo he eztado haciendo logarizmoz hazta el 23 de diciembre para adelantar temario para cuando zeamoz mayorez...
¡Ay! Pobres criaturas... ya ni ellos se libran del Plan Bolonia. Pero aún falta la repanocha de cuando se acercaba Navidad y tú estabas en el colegio. El festival. Correcto. ¿Quién no ha participado en un festival con el colegio cuando era niño? ¡Todos nos hemos vestido de algo patético (como estrellas, angelitos, o un belén viviente) para cantar alguna canción chorra de los Pitufos y con la que íbamos descoordinados a más no poder. Y seguro que todos nos hemos sentido súper importantes cuando teníamos que tocar, al unísono, una canción con flautas y xilófonos. Y también nos hemos sentido súper patéticos al vernos cuando ya éramos mayores, porque claro, ningún padre se iba a olvidar de grabar ese momento épico.
Y una vez terminaba el festival, tú con tu boletín de notas lleno de PA y PA+ (y NM, que era como HORROR), te ibas para casita sabiendo que te esperaba una larga temporada de no hacer nada. Y que empezase el aburrimiento y las ganas de hacer cosas. Que si te meabas en los calzoncillos del gusto al ver las luces que ponían en tu pueblo/ciudad; que si te ponías a escribir con ansia la carta a los Reyes Magos (yo nunca he sido del Gordo Cabrón), que si ayudabas a tus padres (mentira, sólo mirabas) a poner el árbol, que si te electrocutabas el dedo por intentar encenderlo tú (creo que sólo me ha pasado a mi por enreda); que si querías ir a algún centro comercial a ver a sus majestades los Reyes Magos y sentarte en sus piernas y darles la carta para que te trajesen todo lo que habías pedido...
Pero lo mejor era el día de Reyes. Seguro que algún año os habéis sentido como unos ninjas al intentar pillar a sus majestades in-fraganti dejando los regalos debajo del árbol. ¡Qué felicidad nos entraba al descubrir los regalos y al estar todavía una semana disfrutando de ellos porque el colegio no empezaba todavía! Y qué tristeza cuando nuestros padres nos decían, hartos de escucharnos pedir, que los Reyes no existían y eran ellos mismos (eso me ocurrió a mí) o, en su variante, que algún gracioso en clase te lo soltase porque se creía muy guay.
Cebollino Baby: o que algún cabronazo y trizte que tiene un blog de miefda te lo zuelte... Le voy a decí a miz papaz que te partan laz piernaz.
Pero al fin y al cabo, aunque fuésemos los más engañados de la historia, también fuimos los más felices durante ese período blanco. Disfrutábamos como nadie, pedíamos cantidades desorbitadas de regalos y casi siempre las teníamos, nos tirábamos viendo la televisión todos los días con esa programación especial de Navidad que estaba llena de dibujos para nosotros, y les pedíamos a nuestros padres que pusieran a Ramón García para las campanadas por si alguna vaquilla le pillaba de alguna maldita vez. ¡Ay! ¿Qué hubiese sido la Navidad sin nuestra ilusión, felicidad e ingenuidad?


Yo me lo pasaba pipa, mejor que ahora. Disfrutaba como una "ENANA", comprando juguetes a escondidas de vosotros y de tu papi(que me daba unas broncas por compraros muchos, de no te menees).
ResponderEliminarQue tiempos jajajajajaj.
Tu peor pesadilla